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Alemania: El país que mostramos a nuestros visitantes
Un alegato a favor de la libertad de viajar y una reflexión sobre los planes de la AfD para el turismo, la historia y la identidad alemana
Alemania: El país que mostramos a nuestros visitantes

Hay momentos en los que intervenir en el debate público se vuelve necesario. Las propuestas de la AfD en Sajonia-Anhalt muestran que el turismo puede convertirse en mucho más que una cuestión de promoción de destinos. Bajo el concepto #deutschdenken, el partido plantea vincular con mayor intensidad el turismo, la historia y la idea de patria con la construcción de una identidad nacional.

Viajar significa salir temporalmente del orden habitual de la propia vida y encontrarse con paisajes, idiomas, comidas, historias y formas de vivir diferentes. Incluso el turismo dentro del propio país se alimenta de esta experiencia de alteridad. Quien viaja de Magdeburgo al Harz, visita Dessau o recorre Quedlinburg no busca una reproducción de su vida cotidiana.

El turismo genera ingresos y valor añadido regional, sostiene hoteles, restaurantes, museos e infraestructuras. Pero su importancia va más allá de la economía. Los viajes crean encuentros, hacen tangible la historia y ponen en contacto diferentes realidades sociales. También pueden cuestionar certezas y prejuicios.

Cuando viajar se convierte en política identitaria

Durante años, la política turística de la AfD se concentró en cuestiones relativamente convencionales, como las pequeñas y medianas empresas, las infraestructuras, la competitividad, la digitalización y la burocracia. Sin embargo, a partir de 2023 cobró mayor importancia la idea de que el turismo nacional no solo debía generar valor económico regional, sino también contribuir a crear identidad.

En Sajonia-Anhalt esta orientación resulta especialmente visible. La AfD relaciona bajo #deutschdenken el turismo con la historia alemana, la identidad nacional, la lengua y la cultura. El estado federado posee una extraordinaria concentración de lugares relacionados con episodios y personajes fundamentales de la historia alemana, desde los conjuros de Merseburgo y los emperadores Enrique I y Otón el Grande hasta Martín Lutero y Otto von Bismarck.

El problema no reside en destacar esta historia, sino en seleccionar determinados episodios para construir a partir de ellos una interpretación política predeterminada de la identidad alemana. Una región puede valorar profundamente su pasado sin convertirlo en una guía política para definir quién pertenece a ella.

La apertura internacional tampoco elimina la identidad local. El Harz no pierde su carácter porque sea recorrido por senderistas neerlandeses; Lutero no pierde relevancia cuando visitantes coreanos llegan a Wittenberg; y la Bauhaus no deja de formar parte de la historia alemana porque atraiga a viajeros de todo el mundo.

Cuando la interpretación de la historia ya está decidida

Los lugares históricos pueden ofrecer orientación y conocimiento, pero la interpretación final debería corresponder al visitante. Una persona puede admirar la importancia histórica de Lutero y al mismo tiempo cuestionar sus escritos antisemitas. Puede sentirse fascinada por Otón el Grande sin convertir esa fascinación en orgullo nacional, del mismo modo que puede considerar extraordinaria o detestable la arquitectura de la Bauhaus.

Por eso resulta relevante la propuesta de desarrollar un turismo orientado expresamente a la educación popular y a la experiencia de identidad. La cuestión fundamental es quién decide qué debe aprender una sociedad cuando viaja. La educación abre espacios para formar juicios propios; la instrucción política corre el riesgo de cerrarlos.

Algo similar sucede con el proyecto de una ruta turística dedicada a la historia del Reich alemán. Las rutas históricas son una herramienta habitual del turismo y pueden beneficiar especialmente a pequeñas ciudades y regiones rurales. La cuestión decisiva es qué relato conecta los lugares seleccionados.

La Bauhaus demuestra especialmente bien lo que puede perderse con una interpretación demasiado estrecha. Surgió en Alemania y posteriormente se convirtió en patrimonio cultural mundial. Sus ideas cruzaron fronteras sin dejar por ello de formar parte de la historia alemana. Su dimensión internacional y sus raíces alemanas no son contradictorias.

Cuando la política pierde los matices

El turismo demuestra hasta qué punto están conectadas las grandes cuestiones sociales. Un hotel necesita huéspedes y trabajadores, energía, buenas comunicaciones y municipios funcionales. Los destinos dependen del clima, del paisaje, del mercado laboral y de los mercados internacionales.

La realidad rara vez admite divisiones sencillas. El mercado laboral turístico es un ejemplo especialmente claro. En Alemania, el 44,5 % de los trabajadores del sector de la hostelería sujetos a cotizaciones sociales tienen nacionalidad extranjera. En gastronomía la proporción alcanza el 47,8 %, y en los establecimientos centrados principalmente en la restauración llega al 54,6 %.

Estas cifras describen una realidad cotidiana. Personas procedentes de numerosos países trabajan en cocinas, recepciones y restaurantes, preparan especialidades regionales, sirven vinos alemanes y explican la región a los visitantes. Se convierten en compañeros y vecinos, algunos se quedan y la frontera entre lo propio y lo ajeno comienza a transformarse.

También la energía eólica muestra la complejidad de estas decisiones. Los aerogeneradores modifican los paisajes, pero de ello no se desprende automáticamente que destruyan el paisaje o perjudiquen al turismo. Los viñedos son paisajes culturales, las presas modifican los valles y las carreteras y los teleféricos también han transformado durante décadas los espacios que hoy se consideran característicos de una región.

La democracia comienza con la discrepancia

Un residente contempla un destino de manera diferente que un visitante; un hotelero tiene prioridades distintas a las de un conservacionista, y un senderista observa el paisaje desde otra perspectiva que un planificador energético. Varias de estas posiciones pueden ser legítimas al mismo tiempo.

La democracia no elimina estas contradicciones. Debe trabajar con ellas, escuchar intereses diferentes, valorar las consecuencias de las decisiones y explicar finalmente por qué se adopta una determinada opción.

Los procedimientos democráticos pueden parecer lentos y complicados precisamente porque deben considerar experiencias e intereses contrapuestos. Esa complejidad no constituye únicamente una debilidad. También es una de sus fortalezas: las decisiones adquieren legitimidad cuando diferentes intereses pueden expresarse y el poder político está obligado a justificar sus actos.

¿Qué país queremos ser?

Ninguna ruta turística, ningún aerogenerador y ninguna controversia sobre la Bauhaus decide por sí sola el futuro de una democracia. En conjunto, sin embargo, estos debates plantean una cuestión fundamental sobre la manera en que una sociedad entiende la historia, la identidad, la pertenencia y el cambio.

Una democracia pluralista parte de la idea de que la realidad no puede reducirse a una única perspectiva. Los intereses pueden contradecirse, la historia admite distintas interpretaciones, la cultura cambia mediante el intercambio y las personas tienen derecho a llegar a sus propias conclusiones.

Una sociedad abierta puede valorar la patria sin convertirla en una frontera. Puede apreciar la cultura alemana sin ocultar sus influencias internacionales y establecer reglas sin impedir que nuevas personas lleguen a formar parte de ella.

Cuanto más estrechamente se define lo propio, más necesario resulta determinar qué queda fuera. Y cuanto más se pone la historia al servicio de una identidad predeterminada, mayor es el riesgo de excluir sus contradicciones.

El turismo no es un escenario secundario de este debate. Viajar vive precisamente de lo diferente, de perspectivas distintas y de encuentros cuyo resultado no está decidido de antemano. Un gobierno puede construir carreteras, financiar museos, desarrollar destinos y promover campañas turísticas. Lo que no debería hacer es decidir de antemano qué debe pensar una persona al regresar de un viaje.

Günter Ihlau und Dr. Wolfgang Isenberg

Crédito de imagen: Ilustración generada por IA con material de Tourexpi


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